La última caricia de Isabella la dio Pedro. Pedro el cazador de nutrias, que vivía en el vergel cerca de Tianto, su casita de maderos podridos que tronaban en invierno, cuanto pasaron juntos en el vergel. En la campiña los veranos eran cortos y los inviernos duros. Ese año Isabella partió a Yermo, estudiaría según decía, Pedro amo a Isabella un día antes de su viaje. -No me olvidaras?- le lloro Pedro, -Nunca- grito ella entre sus brazos, -Volverás?- pregunto Pedro acusando su deseo, -Para ti nunca me iré.- dijo Isabella aquella noche fría de invierno mientras lo apretaba con las piernas. Ella nunca volvería, pero Pedro... Pedro siempre esperaría, en su casa en el vergel, de maderos podridos que siempre truenan en invierno.
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